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Año II - Nº 10
Octubre - Noviembre 2003

Editorial

Entrevistas
Juan José Hernández
Por Conrado Yasenza
El Damero
Breve historia de la tortura en Argentina
Por Marcelo Benítez
Los jefes de la nada
Por Alfredo Grande
El Gaucho en la tinta Parte I
Eduardo Gutiérrez: Con acento a rebeldía Por Marcelo Luna
Charla con Alfredo Moffatt
Por Marcelo Rebón
Ajo y Limones:
zona literaria y misceláneas
Diálogo del Poeta y la Parca:
Por Vicente Zito Lema
Mafalda
Por Marcelo Luna
Cuento:
"Estar en lo cierto"
Por Carola Chaparro
"El día de la Esperanza"
Fragmento
Por Mariano Carril
"Apropiación de las primeras necesidades"
Por José REPISO MOYANO
El ojo plástico
Presentación del libro de Augusto C. Ferrari
Por Conrado Yasenza
Batea
Libros:
"El Inquitante día de la vida"
de Abel Posse

por Carola Chaparro

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Ajo y Limones: zona literaria y miscelánea

Mafalda

historieta con historia

Por Marcelo Luna

Toda evocación trae un aire de nostalgia. Especialmente cuando el tema o el sujeto de dicha nostalgia vive sobre colgajos de telas de araña en la memoria colectiva. Con Mafalda no ocurre eso, quizá porque su vigencia sea múltiple: Mafalda rechazando la sopa, Mafalda en la mirada, Mafalda preguntona inclinando la cabeza hacia un adulto, o en las ocurrencias de alguna hija, o dibujada por un niño o por un adulto en un papel. Mafalda leída por primera vez. Mafalda releída. Muchos caminos llevan a ella, para seguir el mismo y otros caminos. En lo que sigue iniciamos uno más.


Historieta en cuatro recuadros

UNO. Mafalda es la más recordada historieta de Quino (Joaquín Lavado), cuya trascendencia tiene que ver con él, y también no. Cuando en 1962 creó los primeros dibujos con niños, Quino ignoraba que daba vida a una tira que sería conocida y premiada en Argentina, Italia, España y Alemania. Los comienzos no pueden mentir acerca de esto: la historieta nacía como parte de una estrategia comercial de una línea de electrodomésticos argentinos, llamada «Mansfield», donde en cada tira debían aparecer artefactos domésticos junto a personajes cuyos nombres se iniciaran con M. La estrategia no rinde los frutos esperados ya que se descubre la publicidad indirecta, y Quino no vuelve con la tira hasta dos años después, cuando es requerida para el semanario «Primera Plana» de Argentina. Mafalda tiene vida propia como feliz resultado de un fracaso.

DOS. Algunos datos: 1928 tiras distribuidas en tres publicaciones argentinas -«Primera Plana», «El Mundo» y «Siete Días»-, a lo largo de diez años, hasta que para evitar caer en el hastío del personaje, Quino decide poner fin a la exigencia diaria de las tiras en 1973. Durante ese lapso se publicaron diez libros con dichas tiras, reunidas sucesivamente por dos editoriales (Jorge Álvarez Editor y Ediciones de la Flor). Traducciones al portugués, italiano, catalán, alemán, inglés, hebreo, francés. Fuera de la historieta, Mafalda reaparece para difundir diversas campañas de bien público. Es tema de seminarios y conferencias entre pedagogos, historietistas, psicólogos, literatos. La convocan artistas, embajadas y hasta la UNICEF para ilustrar los derechos del niño. Mafalda no se va a dormir, a pesar de la decisión de Quino.

TRES. Aparecida en los movidos '60, Mafalda supo llevar a cuestas rigores y tics de época: la guerra de Vietnam, la amenaza nuclear y la carrera armamentista, los viajes espaciales, el peligro rojo de los chinos, Los Beatles, la debilidad de los gobiernos civiles latinoamericanos -en especial de los argentinos- integran los temas de las tiras. Se parte desde datos e informaciones de la realidad inmediata. Después, Mafalda hace lo suyo: jugar en serio.

CUATRO. «Ya que nuestros hijos van a convertirse -por mérito nuestro- en otras tantas Mafaldas, será prudente que tratemos a Mafalda con el respeto que merece un personaje real» escribió Umberto Eco en 1969, en el prólogo a «Mafalda la contestatria», el libro que publicó las tiras en Italia. Mafalda personaje real. Una sutil lectura se desliza al año siguiente en España, cuando se lanza el primer volumen de la historieta con la aclaración «para adultos» que la censura franquista le establece a la editorial Lumen. Mientras, en Argentina, un afiche tamaño pancarta de Mafalda aparece macabramente sobre el cuerpo de un asesinado político. Allí, nuestro personaje aparece señalando una cachiporra de policía, mientras dice con ojos grandes: «¿Ven? Este es el palito de abollar ideologías.». Cuando Quino pone fin a la tira (1973) hay un pico de la violencia política argentina, que prontamente va girando a la derecha durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y su esposa María Estela Martínez (1973-1976). Después, la larga noche de la dictadura militar. De haber continuado Mafalda el personaje real, hoy sería una desaparecida más.

Nombres, personas y personajes

Quino bautiza a su personaje a través del hallazgo feliz de ese nombre en la novela «Dar la cara» del escritor argentino David Viñas. Sin embargo, es en Italia donde conoce el destino trágico de otra homónima: la princesa Mafalda de Saboya, hija de Víctor Manuel III, que terminó sus días en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

El mundo de personajes se va poblando. Algunos remiten a personas con una historia íntima, no tan desconocida para los fans. Felipe, el niño tímido y rehuyente a los deberes de la escuela, estuvo inspirado en una temprana amistad de Quino: se trata del periodista argentino Jorge Timossi, cuyos dientes de conejo pasaron al personaje. No ocurrió lo mismo con la conducta, pues se ha dicho que es el propio Quino quien se refleja en el personaje. En cuanto a Timossi, hoy vive en Cuba, es funcionario del gobierno revolucionario, además de haber sido uno de los fundadores de la agencia de noticas «Prensa Latina», junto a otros nombres como Gabriel García Márquez y Jorge Masetti.

 Don Manolo, padre del personaje Manolito, responde al padre de otro viejo amigo de Quino -hombre del periodismo también-, Julián Delgado. Él había sido quien le solicitó a Quino las tiras de Mafalda para «Primera Plana», mientras era su director, hasta que ambos se distanciaron por la propiedad de la historieta, registrada a nombre del semanario y no de su autor. En junio de 1978 Delgado fue secuestrado por un grupo de tareas (análogos a los escuadrones de la muerte de las dictaduras latinoamericanas), y continúa desaparecido hasta la fecha.

Completan la tira otros amigos de la heroína: Susanita, con su invariable y cómodo destino de ser madre de «hijitos», Miguelito, el niño narcisista, Guille -hermano menor de Mafalda-, y Libertad, la niña del fraseo populista en boga durante los '60.

A los padres de Mafalda no se les conocen nombres pero sí sus actividades: él es un oficinista que tiene a las plantas por pasatiempo, y también es el principal destinatario de las preguntas de su hija. La madre, por su parte, es un ama de casa que abandonó una carrera universitaria para dedicarse a las tareas domésticas; situación que Mafalda le reprocha una vez y otra. De ambos la niña conoce sus mañas: los «nervocalm» para las seguidas crisis del padre; y los platos de sopa de la madre que Mafalda resiste aceptar.



País de historieta

A través de los personajes desfilan visiones y fragmentos de época que Quino rescata. Entre ellos mencionamos:

 La clase media


La familia de Mafalda vive en un departamento, posee un coche -el memorable Citröen 3CV-, y los padres arrastran la rutinaria vida de «venir a ser clase media» como algo incompleto; vivencia que la niña no termina de entender.

Los «planteos militares»

La tira apareció durante un interregno de democracias débiles e ilegítimas, cuando el partido político mayoritario de Argentina, el peronismo, estaba proscripto. En ese contexto los «planteos» o presiones de las fuerzas armadas a los presidentes de turno eran corrientes. Tiempo después el propio Quino reconocería la ingenuidad de haber ridiculizado a esos presidentes débiles, que terminarían por dar consenso social al advenimiento de los gobiernos «de facto».

Mundo de historieta

A través de un diálogo y un discurso lleno de ocurrencias y confusiones, de paralelismos y anagramas, Mafalda «deduce» los problemas del mundo, indaga posibles causas y hasta arriesga soluciones, pero cae en la trampa de la «lógica adulta» que anula cualquier alteración del orden establecido. Por eso a veces el cuestionamiento es directamete hacia el mundo de los adultos que lejos de entenderlo tampoco lo acepta, como si latiera en el personaje el mito del hombre bueno de Rousseau, en este caso relegado a la niñez.

Norte-Sur

Mafalda encuentra razones al desigual desarrollo planetario desde la simple observación del globo terráqueo: ¡estamos «cabeza-abajo»!
Este - Oeste

Desde su simple mirada, Mafalda entiende que no bastan las palabras para superar al mundo bipolar
La Revolución Cubana

Acerca de la revolución que era noticia en esos años, aquí tenemos a Mafalda, en penitencia por invocar al Che Guevara.
El Comunismo

La amenaza latente y a la vez inesperada, ante la que nuestra protagonista percibe y lo asocia hasta en los juegos infantiles.
Vietnam

Mafalda busca entender la guerra deVietnam y las vinculaciones a veces resultan simplemente desopilantes. Aquí es ayudada por la «información» de las historietas de Felipe sobre el tema.
En el mundo de Mafalda los entretenimientos infantiles son la lectura, la radio, el ajedrez, las revistas de historietas. Y la televisión también, cuyos cuestionamientos en los niños se iniciaban por entonces, mezclando aquí lo novedoso del pasatiempo con el momento político.
La mujer
Una mirada -entre paródica y reflexiva- acerca de la condición femenina, en pleno desarrollo durante los '60.
Mafalda siempre
Muchos caminos llevan a Mafalda. El nuestro termina aquí y también empieza, porque hay algo en este personaje memorable que perdura y remite a nosotros mismos: a nuestra niñez, a las atentas lecturas -las viejas y las renovadas- sobre la caricatura de una niña vestida, con zapatos y pelo renegrido, y un moño en la cabeza. Es la historia íntima contenida en la historieta la que nos llega de cerca, la que nos visita lo que éramos cuando la leímos por primera vez, y lo que seremos cuando nos convoque, nuevamente, al juego caprichoso entre lector y lectura. Mafalda trasciende porque tiene cosas nuestras.

 

Por Marcelo Luna

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