| |
|
|
|
La
historia
a contrapelo
Por Marcelo
Luna |

Entrevista
a Norberto Galasso |
| Frontal,
ameno en la escritura y en la conversación, Norberto
Galasso (1936) es un atento lector de la realidad
del país y no sólo de su pasado. A fin de cuentas,
toda historia es historia presente. Y Galasso es uno
de los investigadores con más prestigio en los ámbitos
académicos y bibliográficos progresistas y de izquierda.
Fue amigo de Arturo Jauretche, a quien considera uno
de sus maestros como pensador nacional y desmitificador
de la visión liberal eurocéntrica de la clase dominante,
así como de los sectores de medio pelo. Como
biógrafo Galasso ha sondeado también la vida de eminentes
personalidades del quehacer político e intelectual
argentino. Así, Manuel Ugarte, Enrique Santos Discépolo,
John William Cooke, Juan Domingo Perón y Raúl Scalabrini
Ortiz figuran, entre otros, en su obra erudita. Sostiene
una mirada de nuestra historia ligada a Latinoamérica,
y a la búsqueda de un proyecto que nos encuentre como
nación. "Construir el gran frente de liberación nacional"
es el título que firma en su columna de la revista
"Desafíos", año 1, número 1. A sus casi setenta años,
Norberto Galasso entiende que muchas cosas están por
hacerse, y un prudente optimismo anima su postura.
Lo que sigue es una charla con historias, propias
y compartidas con los demás argentinos, recónditas
y aún vigentes. Lo que sigue es la crónica de una
charla, inconclusa como la propia historia. |
| Norberto
Galasso nos recibe al pie de un altillo. Allí, donde
funcionaba su estudio contable, ahora hay anaqueles
cubiertos de libros, algunos antiguos, otros no tanto,
una lámina de Ricardo Carpani enmarcada en una de
las paredes - "un obsequio de Doris Halpin" dice -,
otros pocos adornos pequeños junto a un escritorio
amplio y robusto, de madera, que recibe la claridad
de una ventana ofreciendo un pedazo de cielo y donde
se apoyan varios libros y revistas: a un lado, algunos
tomos rojinegros de la "Historia Argentina" de José
María Rosa; cerca, un artículo sobre la Asamblea de
1813 de la revista "Todo es Historia" y, de frente,
un libro abierto. La lectura del capítulo "La Junta
de Mayo y su accionar sobre las Islas Malvinas" tiene
un intervalo. Un reloj en la pared y un teléfono,
que cada tanto suena, conectan al presente a quien
se detenga ante la profusa biblioteca. Es que pareciera
que toda la historia argentina estuviera ahí, entre
las páginas y renglones de los libros. La historia
escrita. Galasso ha podido trazar su versión de las
cosas a lo largo de más cuatro décadas, a puño y letra,
"contra la corriente" como gusta decir. Ahora invita
y nos sentamos. Apoya los codos en el escritorio,
sereno, y aguarda la luz roja del recorder.
Unos segundos; quietud. La palabra se hace conversación. |
| -
¿Cómo surgió su inquietud por la historia?
- Yo pertenezco
a una familia de clase media. Nací en el año 1936.
Quiere decir que mi adolescencia la viví bajo el peronismo:
Perón llega al gobierno cuando tengo 9, 10 años, y
cae cuando tengo 19. Y traigo una doble influencia
desde ese momento. La de mi viejo que, de joven, era
socialista y después se hizo peronista; y la familia
de mi mamá donde eran casi todos maestros con algunos
socialistas, algún que otro anarquista, la mayor parte
radicales. Mi vieja era radical. Entonces estaba bajo
esa doble influencia. Cuando tengo 18, 19 años empiezo
a inquietarme por leer algunas cosas, teóricas, de
cuestiones sociales especialmente, y me acerco a gente
que estaba ligada al Partido Socialista en aquel tiempo.
Lo hago por lo que iba leyendo, sin afiliarme ni militar
realmente pero sí con cierto influjo en el sentido
de asistir a centros socialistas y cosas así. Y esta
búsqueda de una definición política me lleva a retrotraerme
a los orígenes, a tratar de explicarme qué cuernos
estaba haciendo yo aquí, qué era Argentina. Entonces
hago uno de los cursos de verano que había en la Facultad
de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos
Aires durante el año '60, y después me pongo a leer
historia, no porque me interesase la disciplina desde
el punto de vista de que fuera a ser docente - yo
estudiaba económicas -, ni con una finalidad de interés
por lo pasado sino, digamos, para tratar de clarificarme
un poco qué era la Argentina.
-
Como autodidacta.
-Sí. Empecé a leer con
cierto orden al principio. En la secundaria había
sido un buen alumno; era medio "traga" [risas]. Entonces,
luego de empaparme en las cosas elmentales de Argentina
(cuánta población, qué tipos de climas y cosas así),
a partir de ahí empecé a leer desde la Revolución
de Mayo en adelante. En ese camino estaba, ya durante
1963, todavía no tenía 30 años, cuando doy con el
"Plan de Operaciones" de Mariano Moreno, por ejemplo,
que en la "historia oficial" normalmente no aparecía.
No es casual que haya sido
el "Plan de Operaciones" de Mariano Moreno una fuerte
presencia en Galasso para leer nuestra historia a
contrapelo de la verdad instalada por Bartolomé Mitre.
En efecto, aquel documento había sido redactado en
agosto de 1810 a pedido de la Primera Junta, pero
fue encontrado lejos y mucho tiempo después (más precisamente
en Sevilla, durante 1898, y por pura casualidad).
Para ese entonces ya existía la "historia oficial"
que menciona Galasso, pero la polémica se extendió
por varios años. El propio Mitre, y sus seguidores
después, descalificaron la autenticidad del "Plan".
Es que Mariano Moreno ya tenía su sitial de liberal
moderado en el panteón construido por la "historia
oficial", donde la Revolución de Mayo era relatada
como un movimiento incruento. El "Plan de Operaciones"
ponía la sangre que tanto resistía contar la "historia
oficial". En los considerandos, Moreno escribió:
"Los cimientos
de una nueva república nunca se han cimentado sino
con el rigor y el castigo, mezclado con la sangre
derramada de todos aquellos miembros que pudieran
impedir sus progresos". (Mariano Moreno, Plan
Revolucionario de Operaciones, Buenos Aires, Plus
Ultra, 1975, pág. 10)
Este interesantísimo documento
permitió reinterpretar la Revolución de Mayo como
proceso, y a su actor principal como político. La
historia tiene, también, su "historia". "Todo es irreal,
menos la revolución" escribió Lenin. Galasso, más
mesurado, continúa: |
| -
También tomé contacto en esa época con Arturo Jauretche
y Abelardo Ramos, con Juan José Hernández Arregui
y Rodolfo Puiggrós [N. de R.: intelectuales argentinos
críticos de la izquierda vernácula, y precursores
de un socialismo criollo o nacional]. Los leo
y con algunos de ellos comienzo a tener una vinculación
personal. Ramos me edita un ensayito que había hecho
sobre Mariano Moreno en el año '63. Y sigo las campañas
de Jauretche del '61 cuando era candidato a senador,
que fueron para mí muy enriquecedoras en el sentido
de lo que Jauretche llamaba desazonzar a la
gente. Yo me fui desazonzando de muchas cosas.
De allí empecé a entender que tenía importancia una
lucha en el campo de las ideas. Entonces entré a militar
políticamente; lo hice un tiempo con Ramos en el Partido
Socialista de Izquierda Nacional, que fue una experiencia
importante en cuanto a acceder a determinadas explicaciones
o tesis, aunque frustante en lo político porque el
partido no tuvo demasiada importancia, y además terminamos
en una especie de reyerta en el '70. En ese año me
separé del partido, pero todo lo que había aprendido
de ellos me indicaba que podía ser importante cuestionar
las ideas dominantes. Ese asunto venía de las viejas
enseñanzas de Carlos Marx: las ideas dominantes de
una sociedad son las ideas de la clase dominante,
y las armas de la crítica, la crítica de las armas.
Yo no participé en la crítica de las armas pero sí
participé, lo más que pude, en hacer una crítica a
la "historia oficial", a cuestiones de estructura
digamos. Y por ahí se fue encarrilando la cosa. |
|
Mientras conversa sostiene la mirada
casi sin parpadear, como quien confía una verdad a
alguien. Galasso repasa algunos momentos de la historia
personal que fue llevándolo hacia aquella otra que
buscó comprender el país de manera no tradicional
y, sobre todo, transformarlo. En el Manifiesto de
fundación del Partido Socialista de Izquierda Nacional
de 1962 se aprecian aquellas intenciones que movieron
al casi treintañero Galasso hacia la militancia y
el compromiso político: |
"Surgidos
a la vida histórica como factoría inglesa exportadora,
la crisis del imperialismo nos permitió industrializarnos.
La expresión política de ese intento fue el 45 y el
peronismo. Su derrocamiento fue la señal de la parálisis,
lo que debe llevarnos a la conclusión de que no habrá
para nuestro país, ni para ninguna otra semicolonia
del siglo XX, otro camino para industrializarse que
no sea la revolución. [...] ¿Qué clase dirigirá el
proceso? Nosotros creemos que lo hará el pueblo argentino,
con su clase obrera al frente, verdadera personificación
de toda su historia. Pues si los obreros son los montoneros
de ayer, el socialismo revolucionario es el nuevo
movimiento para las viejas tareas irresueltas que
América latina reclama." (Izquierda Nacional,
nº 1, noviembre de 1962)
|
| -
Entender el pasado para entender el presente.
- Y especialmente
de qué modo resolver lo pendiente del presente y modificarlo
por algo distinto - responde Galasso, hoy -. |
| Por
las calles de la escritura |
| -¿Qué
recuerdos tiene de su primera publicación?
- La primera
publicación, como siempre ocurre, hay que pagarla.
Era una editorial casera y con escasos recursos. En
esos momentos ya estaba ejerciendo como contador,
no me había casado todavía, no tenía solvencia económica,
vivía en la casa de mis viejos. Y bueno, contribuí
para que "Mariano Moreno y la Revolución Nacional"
saliese. Fue una obra con bastantes errores. Últimamente
la corregí e hice otro libro, "Mariano Moreno y el
grito del Sud", más completo. Y en aquel tiempo lo
que hice fue una investigación sobre Enrique Santos
Discépolo, que alguna gente - incluso Ramos, que era
un tipo con vocación por lo popular - le pareció medio
extraño eso de pasar de Moreno a Discépolo. Discépolo
estaba ligado a mi familia porque mis tíos maternos
eran compositores de tangos. Entonces conocía bastantes
cosas que ellos contaban, de SADAIC, de Discépolo.
Y, a su vez, las charlas de Discépolo por la radio,
cuando él apoya al peronismo en el '51, habían dado
lugar a discusiones muy fuertes en mi casa: mi viejo
que lo defendía, y mis tíos que eran amigos personales
de Discépolo pero no estaban de acuerdo con esta definición
a favor del peronismo. Entonces hice una investigación,
y de eso salió "Discépolo y su época" en el '66 de
la editorial Jorge Álvarez, cuando estaba en su esplendor.
Y bueno, ahí, ya la cosa empezó a tomar un aspecto
más serio porque no había mucho sobre el tema. El
único trabajo sobre Discépolo que había en ese momento
era "Discepolín" que habían escrito Horacio Ferrer
y Luis Sierra, que omitía toda referencia política,
es decir el compromiso político de Discépolo que en
realidad es el que lo lleva a la muerte. Bastante
livianito ese libro. Ferrer, últimamente, me mandó
una reedición del año pasado donde agrega - ya muerto
Sierra, el más "gorila" [risas] - una serie de reflexiones
sobre la definición política de Enrique Santos Discépolo.
Yo planteé en aquel momento, 1966, que a mi juicio
algunas obras firmadas por Armando eran de Enrique.
Precisamente las obras más importantes, que son fundamentales
en el teatro argentino como "Stéfano" y "Mateo" por
ejemplo. Recientemente, hace un año y medio, con un
amigo hicimos un trabajo que se llama "Fratelanza":
quiere decir "hermano punga". Y planteamos
este tema: el robo de la autoría del hermano mayor
con respecto a Enrique. |
| 
Enrique Santos Discépolo

Tapa de "Fratelanza" |
-
Es adrede en su escritura el género biográfico.
- Sí, en algunos
casos nació por inquietudes políticas. En el caso
de Discépolo yo me encontraba casi identificado, ahora
no tanto, pero en aquel tiempo quizá había demasiada
consustanciación. Como todo hombre de clase media
en la Argentina, yo he hecho versos en mi época [risas].
Era una especie de lirismo: soñar un mundo sin luchas,
con alegría, con equidad, igualitarismo. Todo esto
más o menos venía del anarquismo confuso que tenía
Discépolo, que nunca fue un militante político, y
que él lo encuentra después en el peronismo cuando
ve que realiza una serie de avances sociales importantes.
Yo ya había llegado a esas conclusiones en todo ese
período de estudio, de reflexiones y de concurrencia
a actos. Y bueno, después del libro de Discépolo hice
un trabajo de mayor aliento que fue una biografía
de Raúl Scalabrini Ortiz, de 700 páginas más o menos.
La hice yendo a trabajar directamente en el archivo
y la biblioteca de Scalabrini. |
| -
¿Recuerda la motivación especial que lo llevó a Scalabrini?
- Lo de
Scalabrini surgió un poco, digamos, de mi relación
que en ese momento tenía con el grupo de Ramos, donde
había una fuerte consideración hacia Scalabrini, Jauretche,
Hernández Arregui. De ellos estaba muerto sólo Scalabrini.
Y yo intenté ver si la familia me dejaba acceder a
la biblioteca: se portó de modo extraordinario porque
yo iba tres veces por semana a la estación Borges,
que en aquel tiempo era una estación clausurada, donde
ahora pasa el Tren de la Costa creo. Alberdi 164.
Ahí, la viuda de Scalabrini me atendía, me servía
un té a la tarde, y yo iba con un grabador, una máquina
y trabajaba en la biblioteca. 700 páginas. Un sacrificio,
un calvario poder publicarlo por Malbru, que era una
editorial que tenía el "Colorado" Ramos con muchas
dificultades. Pero bueno, salió; era bastante minucioso. |
"Una idea
central recorre este libro: la afirmación de que nuestro
país debe emprender la reconquista de lo elemental,
purgarse de sabidurías, terminar con los lugares comunes
de la moral europea y lo contratado en sociedades
vetustas y desarrollar esa semilla de cultura que,
entre los escombros del pasado, puja por ser presente.
Esta es la tierra de la elementalidad de la cual ha
de salir un hombre nuevo y una gran cultura. Así,
más allá de elucubraciones metafísicas e hipótesis
sociológicas demasiado aventuradas, Scalabrini viene
a hablar de lo nuestro, a bucear en nuestros sentimientos
no con el complejo de inferioridad que apresa por
entonces al resto de sus colegas literatos, sino con
una insólita fe en lo argentino, necesaria en tanto
seamos un país semicolonial y positiva como punto
de partida de toda lucha antiimperialista."(Norberto
Galasso, Scalabrini Ortiz, Cuadernos de Crisis,
Buenos Aires, 1975, página 10)
|
| -
A mí me llamó mucho la atención la figura de él como
un verdadero asceta, un sacerdote de la política,
un místico. Un tipo que murió sin ser dueño de la
casa donde vivía. Siempre alquilando, siempre sin
un mango, con cinco hijos a cuestas pero con una integridad
extraordinaria. Ahí en la biblioteca estaba el aviso,
un aviso del diario La Prensa del año '42 donde Scalabrini
se ofrecía a trabajar como asesor de una empresa.
Dice todo lo que ha hecho él, que ha recorrido el
mundo, ha traducido, que ha tenido premios municipales,
que es agrimensor y conoce temas de economía, y que
estaba dispuesto a trabajar "para una empresa que
sea de capital nacional" consigna el aviso. No para
una empresa extranjera... Y bueno eso... Una biografía
tiende un poco a que uno se identifique con la figura
y a darle la mayor calidez posible. En Scalabrini
había una identificación de tipo ético, es decir de
esas cosas que uno se asombra. No habíamos llegado
al nivel de corrupción de las últimas décadas, pero
igualmente llamaba la atención un tipo con esas características.
Jauretche también colaboró bastante en eso. |

Raúl Scalabrini Ortiz |
| -¿Cómo
era Arturo Jauretche en la intimidad?
- Jauretche
era un tipo al principio bastante difícil. Era un
tanto huraño, tenía la voz así, medio de compadre,
serio. Claro, él venía desde hacía años luchando contra
la corriente. Siempre que hacía un acto no se lo publicaban,
o los reportajes por ahí aparecían mutilados. Estaba
en alerta contra los periodistas, contra todo el mundo
de los medios de comunicación. Un tipo de pelea: andaba
siempre con el cuchillito bajo el saco. |
|

Arturo Jauretche |
-
¿Ah sí?
-Sí, sí.
Una de las últimas anécdotas de Jauretche me la contaron
después que falleció. Él falleció el 25 de Mayo del
'74. Sucedió en el café de Córdoba y Esmeralda, que
llamaban el "Castelar Chico" porque el "Castelar Grande"
era el de Avenida de Mayo. Un mozo me contó que estaba
Jauretche ahí un día. Iba a fumar, escapándole a la
mujer. Tenía un cigarrillo y un café. Y a un señor
que estaba en la mesa de al lado, un chico le manchó
las medias lustrándole los zapatos. El tipo lo agarró
del pelo al chico, lo sacudió y lo insultó: "mirá
lo que hiciste, negro de porquería". Jauretche en
ese momento tenía 73 años, estaba obeso, había estado
internado hacía poco en el Hospital Otamendi. |
| Así
y todo se levantó a los gritos y le dijo "hijo'e puta,
te voy a enseñar a respetar a la gente". Le tiró un
trompazo, erró y cayó sobre el hombre, sobre una mesa,
los pocillos por el suelo, un escándalo. El mozo me
dijo que al día siguiente Jauretche volvió a pedir
disculpas. Yo le pregunté a la viuda y me contestó
que sí, que eso había pasado. "Me peleé en el café"
dijo. "Pero Arturo - le decía la mujer - a tus años,
una figura como vos haciendo escándalo en el café...".
Y él respondió: "¿Sabés lo que pasa, Clarita? Yo no
puedo resistir la injusticia..." Esa anécdota fue
un resumen de la vida de Jauretche. |
| Galasso
ha quedado unos momentos en silencio después del relato.
De su mirada ahora pende un hilo de nostalgia. Las
rueditas del cassette siguen girando. El silencio
no calla. Nuevamente la palabra, como los oleajes,
rompe esa profunda quietud. |
| -
Cuando se entraba en relación con él era franco, un
tipo de una mirada muy cristalina, que "se le veía
el alma" diríamos. Y un gran conversador, que conocía
la Argentina de punta a punta. Pero al principio,
medio difícil. Era cuestión de acercarse a él. Cuando
le alcancé el libro de Discépolo, le pareció medio
extraño. "¿Discépolo?" decía. Pero cuando vio que
había una estadística de suicidios, que los tangos
de Discépolo coincidían con la desesperanza, ya que
en ese momento había casi dos suicidios consumados
por día en la Capital Federal, que junto a los no
consumados eran tres o cuatro por día (una cosa tremenda
de ese año '32), entonces le gustó el libro. Así,
en una charla sobre Discépolo, él salió a hacerse
lucir con el libro ante Julián Centeya, quien evitaba
también hacer referencia a "Mordisquito" [N. de
R.: Discépolo se dirigía en sus intervenciones radiales,
plenamente favorables al régimen peronista, a un personaje
"contrera" llamado "Mordisquito"]. Entonces Jauretche
le dijo "vos también metés el perro, Julián. Vos,
que sos un hombre vivo, te lo tengo que decir yo,
que soy apenas un gil que se avivó", haciendo referencia
a esa cuestión. Un tipo lleno de anécdotas, alguien
sensacional.

|
| Viva
Perón, un grito de varios corazones |
| El
peronismo como génesis. Galasso arranca la conversación
ubicándose en aquella época. A lo largo de la charla
aparecen otras referencias después, de refilón, y
el tema es un sutil barniz de época. Sin duda, el
peronismo es una divisoria de aguas inexcusable en
nuestro pasado y en la actualidad. País peronista:
como la flor que deja semillas para, después, volver
a ser flor, el peronismo siempre vuelve, con sus múltiples
trajes y corazones, sus discursos y máscaras. Acaso
porque su naturaleza profunda sea, ni más ni menos,
el poder.
-
¿Cuál su definición personal de peronismo?
- El peronismo
es un movimiento nacional, como tantos otros que hubo
en América Latina. Por ahí desde la universidad a
veces se solucionan estos problemas con una actitud
desdeñosa, calificándolos de "populismo". Yo creo
que el pueblo se expresa como puede. Cuando no existen
intelectuales ni soluciones partidarias que puedan
encausar las luchas populares, el pueblo se expresa
inorgánicamente como la montonera, en frentes muy
amplios y muy contradictorios, - incluso el mismo
caso cubano fue también un frente contradictorio-
, con distintas líneas internas, con jefes populares
como hoy sería Chávez por ejemplo, y como en su momento
lo fueron Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón.
Un movimiento nacional de liberación que en países
que han sido siempre víctimas del saqueo imperialista,
las víctimas principales del saqueo son los sectores
populares. Esos sectores a veces se levantan y avanzan,
como el yrigoyenismo que prácticamente incorporó la
clase media a la sociedad, a la política y a la cultura,
y como el peronismo que fue la aparición de los trabajadores.
Y con todas las características contradictorias que
tiene el peronismo, al igual que el Movimiento Nacionalista
Revolucionario boliviano por ejemplo, donde a veces
aparecen dirigidos por tipos que vacían totalmente
y arrían las viejas banderas, las arrastran y hacen
todo lo contrario de lo que hicieron años anteriores.
Paz Estenssoro en los últimos años ya era la derecha
del espectro político boliviano. Pero creo que es
un fenómeno típico de los países del Tercer Mundo,
que hay que tratar de entenderlos no con las categorías
que Marx manejaba para comprender la Europa de su
tiempo. Hay que agregarle a Lenin, a Trotsky, a Mao,
al Che, a Mariátegui, a Ugarte. No es fácil, pero
se puede uno acercar. Son movimientos que tienen características
muy particulares, que se actualizan históricamente.
Hay gente que juzga el peronismo solamente por López
Rega. Hay que juzgarlo también por el fenómeno de
que los trabajadores, del '45 en adelante, desde hace
60 años, son peronistas. Quiere decir que la justificación
importante está en su vida concreta. No es una cuestión
de palabrerío.
-
Un movimiento con sus "malditos" también como John
William Cooke, alguien no tan reconocido en el panteón
peronista como Jauretche, ¿verdad?
-Sí. Yo
hice una biografía de Cooke, y la reedición la presentamos
en diciembre pasado. En lo de Las Madres terminamos
un ciclo sobre "Los Malditos" en dos tomos, que hicimos
con un grupo de unos quince compañeros, profesores
de historia algunos, otros no, donde sacamos el caso
de Cooke, el de Gustavo Rearte que ha sido importante
en el peronismo también, el caso de Felipe Vallese
que sería el primer desaparecido y que nunca se difundió,
dirigente gremial desaparecido, y otras figuras como
Carrillo por ejemplo, a quien nunca se le dio la importancia
que tuvo en salud pública. |
| 
|
Los trabajos
acerca del peronismo son numerosos, variados, de distintas
dimensiones y alcances. El tema parece una cantera
inagotable. La editorial Colihue ha sacado en 2005
"Perón" de Norberto Galasso, una biografía organizada
en dos tomos, con más de 1300 páginas en conjunto,
95 ilustraciones y reproducciones gráficas de época.
Semejante producción reviste, sin embargo, una vía
de acceso particular al asunto.
|
| -¿Qué
preguntas busca responder en su última obra, "Perón"?
-En el prólogo
insisto bastante en que a mí me interesaba hacer un
saldo biográfico sobre Perón desde la perspectiva
de los trabajadores, aún no siendo yo un trabajador.
Esto requiere una explicación. Las clases sociales
tienen sus mitos, sus valores, a veces de una manera
antagónica. Normalmente la gente de clase media como
yo, los profesionales, no conocerían qué es la comisión
interna de una fábrica. La importancia de que ésta
funcione o no, o lo relevante de la obra social de
un sindicato a mí no me interesaba porque yo tenía
los médicos del barrio. Esos fenómenos me dan a entender
que hay sectores de la clase media que no le dan importancia
a cosas que son hasta elementales, como por ejemplo
que un hombre o una mujer que trabaja en una fábrica
no tenga problema si tiene que ir al baño dos o tres
veces durante la jornada. Esto el hombre de la clase
media ni lo supone porque normalmente va a al baño
cuando se le canta, y si está en un empleo
público sale a comer, bueno, tiene sus limitaciones,
pero dentro de ellas es respetable. El trabajador
no. Siempre no. Siempre permanece en un estado
de sometimiento, salvo algunos períodos como los de
las comisiones internas de fábricas donde los tribunales
de trabajo fallaban a favor de los trabajadores. A
mí se me planteó una contradicción a los 20 años cuando
comencé toda esta historia. Yo leía textos de socialismo,
a tres cuadras tenía la empresa Royal, y entendía
que los obreros tenían que ser socialistas porque
los libros decían eso. La realidad decía que eran
todos peronistas, y que los socialistas no tenían
obreros. A raíz de esto comencé a tener una vinculación,
muy fraternal en algunos casos, con algunos dirigentes
gremiales, de los mejores que por suerte tuvo el país
como Sebastián Borro por ejemplo, o Avelino Fernández.
Con Avelino nos citábamos en un café, acá a dos cuadras,
y tratábamos de hacer una lista para ganarle las elecciones
a Lorenzo Miguel. Cosa bastante difícil porque por
ahí ganábamos la elección en una fábrica y su dueño
echaba al delegado nuestro, porque estaba en combinación
con Lorenzo. Era una lucha muy desigual. Pero estas
cosas uno las aprende en el trato. Avelino dejaba
dicho en el contestador "disculpemé don Norberto que
lo moleste, si tiene tiempo desearía..." Una actitud
de respeto, no? Son cosas del hombre de trabajo que
valora el tiempo de uno, y posee una mayor solidaridad
frente a los problemas. Yo lo he visto a Avelino cuando
echaban a un delegado, en la época en que no había
lugar a ninguna defensa, y el tipo se quedaba sin
laburo. Y él, que era de la lista opositora a Miguel,
decía "no puedo darle laburo". Por culpa de él el
tipo quedaba sin laburo, y la familia quedaba con
problemas. Al final, a veces hacían una vaquita,
le tiraban unos mangos pero no era esa la solución.
Entonces al ver eso, era algo muy distinto al individualismo
que yo observé en mi profesión, entre los contadores,
donde si uno daba un paso en falso le sacaban un cliente,
o la obsesión del éxito económico, la chantada
de que "me cambié el auto" y esas cosas. Murió Avelino
donde vivía, allá en la avenida Cadorna de Wilde,
a unas doce cuadras al sur, en un barrio de la carne,
un chalecito. Y era un tipo que había manejado la
guita de la UOM. [N. de R.: Sindicato de
los obreros metalúrgicos de Argentina] Por eso
uno a veces se indigna cuando hablan de los sindicalistas
como si todos fueran Luis Barrionuevo o Armando Cavalieri
[N. de R.: sindicalistas burócratas cercanos al
menemismo y al duhaldismo en su momento]. Avelino
Fernández, o Ferrarese del sindicato de la farmacia,
o Armando Cabo a quien también conocí de cerca. Bueno,
todo eso a mí me llevó a intentar, a hacer un esfuerzo
en el sentido de ver cuál es la razón fundamental
que más allá de todos los cambios habidos en el país,
los trabajadores, por tradición oral, porque el padre
se lo dice, o lo que cuenta el abuelo, son mayoritariamente
peronistas. Y la izquierda, más allá de los esfuerzos
y los fuegos de artificio, y los planteos revolucionarios
en abstracto, no tiene casi fuerza en el ámbito sindical.
Lo cual tuvo también su aspecto negativo, porque eso
permitió que algunos se hayan quedado con los sindicatos.
De cualquier modo esa adhesión yo la ví en algunos
familiares, de la parte de mi viejo por ejemplo, que
era la que tenía menores ingresos. Mi tía por ejemplo
no dejó nada cuando murió. Dejó una cartera y adentro
estaba una foto de Borlenghi, porque ella había sido
empleada de comercio, una foto de Evita, y algunos
papeles, recortes de diarios referidos a cuando Borlenghi
hablaba en algún lado, y la ley de jubilaciones. Eso
era todo lo que tenía en la cartera. He intentado
en el libro de Perón contarlo desde esa perspectiva.
No tanto desde el aspecto institucional, que hoy por
ejemplo pone muy nerviosa a la doctora Elisa Carrió,
por su profesión de abogada e hija de un abogado,
desde el punto de vista de si las instituciones funcionan.
Por ahí las instituciones funcionan pero la gente
se muere de hambre, ¿entonces? Si son instituciones
que especialmente funcionan para que la distribución
del ingreso sea desigual. Entonces yo apostaba desde
aquel aspecto, el de la importancia que tiene en la
gente de laburo las comisiones de fábrica. |
| -
Su producción intelectual surge a partir de cuestiones
familiares.
- Sí, sí.
Además de lo familiar, también las experiencias que
yo he tenido. Como contador, en este mismo lugar,
tuve experiencias con gente de clase media aparentemente
muy progresista, que inician una conversación diciendo
que los sindicalistas son todos ladrones, y terminan
diciendo "bueno, después le traigo una factura trucha
del IVA"... [risas] Ese tipo no entiende. Sin justificar
al sindicalista que sea ladrón, el que se hace sindicalista
pega tal salto en su vida que puede manejar una secretaria,
tener un auto, y el tipo se enloquece. Hay un gran
propensión en cierta gente, especialmente cuando los
proyectos colectivos desaparecen como aquí mismo,
donde sabías que cada uno trataba de ganarse la personal.
Entonces aparecen estos "gordos" robustos que le hacen
el juego a Menem. Pero hubo otros que salieron a la
lucha como los telefónicos y los de aerolíneas. |
|
Papeles
que dan letras: Intelectualidad, poder y polémicas |
| -
En el mundo de los intelectuales lo que prevalece,
desgraciadamente, es el intelectual que está al servicio
del sistema. Es decir, Marcos Aguinis, Tomás Eloy
Martínez y, en especial, Mariano Grondona. Después
hay gente que tiene una trayectoria en el campo nacional
con características distintivas como es el caso de
Horacio González o de José Pablo Feinmann, con quienes
por ahí disiento en algunas cosas. Por ejemplo, el
otro día salió un artículo de Feinmann sobre el empresariado
que es muy bueno. En general, Feinmann es un tipo
brillante, aunque a mí me parece que al alejarse del
peronismo y hacer una crítica a Perón, "se pasa de
rosca". Lo mismo también en su planteo de la violencia
con respecto al Che y todo eso. Así y todo es un intelectual
rescatable. Con Horacio González somos amigos. Ambas
son personas importantes que no son mayoría en el
ámbito universitario. En materia de historiadores,
que es lo que a mí me interesa, la historia social
cubre casi todo el escenario, son muy pocos los disidentes.
En economía hemos mejorado algo porque en Económicas
se ha lanzado el Plan Fénix que significa un avance.
En mi época eran mis liberales todavía, y eran tipos
muy capaces porque la facultad tiene como finalidad
hacer tipos capaces, como Domingo Cavallo a quien
nadie discute. Pero hay muchos cavallos, muchos
martínez de hoz y pocos calcagnos. Ése
es el drama. [N. de R.: José Alfredo Martínez de
Hoz y Domingo Cavallo fueron los ministros de economía
de la "plata dulce" argentina, durante la dictadura
militar y el menemismo respectivamente. Eric Calcagno
recientemente ha sido designado embajador argentino
en Francia por el presidente Néstor Kirchner]El
padre de Calcagno se hace en la CEPAL, y él se forma
en base a ese conocimiento, pero está "contra la corriente".
Un poco lo que pasa en Argentina pasa en todo el mundo:
las clases dominantes tratan de poner una intelectualidad
a su servicio. En el campo de la literatura con obras
de evasión, exquisita, que no trate de recrear los
fenómenos dramáticos que se viven en Argentina. No
hay novelas sobre los desocupados o los piqueteros,
por ejemplo. Yo por eso tengo mi fanatismo con Leonardo
Favio, por "Crónica de un niño solo" y esas cosas
que él ha hecho en cine. En general hay una tendencia
a lo light, a tratar de pasarla bien, conseguir
una cátedra, picotear en una revista, en otra, el
tiempo va pasando y si se adquiere cierto prestigio,
mejor. En el libro que hicimos sobre Armando Discépolo,
Jorge, mi compañero, es psicoanalista y no tiene la
experiencia que tengo yo. Se asombra de que el libro
no tenga comentarios, y es porque nadie quiere jugársela.
Fuera del ámbito de las publicaciones mucha gente
dice "sí, siempre se dijo que Armando le robó las
obras". Pero cuando uno propone hacer una mesa redonda
te dicen "no, para qué, no te calentés". ¿Y por qué
pasa eso? Porque está la verdad instalada. Es lo mismo
que la inflación: es un cuco tremendo porque estaba
la híper, entonces cuando la economía empieza a avanzar
hay que enfriarla como dijo Lavagna. [risas] |
| -
¿Qué impresión tiene de la producción escrita y televisiva
de Felipe Pigna?
- Es bastante
complicado el asunto porque yo tengo cierta relación
con él, de participar en programas junto a Pacho O'Donnell
en el ciclo "Historia Confidencial", por televisión
y por radio. De cualquier modo, yo creo que él corre
el riesgo de la cosa mediática, esa aceleración donde
uno tiene que decir dos o tres cosas inmediatamente.
Y eso ofrece flancos que, en una de ésas, algún opositor
a los planteos que él hace - y también algunos que
estén celosos [risas] - puedan llegar a darle "con
un caño". Ciertas cosas en sus programas pasan muy
rápidamente. Y que esté junto a Mario Pergolini permite
que lo vean los jóvenes, lo cual es importante. Hay
una sociedad que está reclamando otra historia, esto
es evidente. Nosotros terminamos el ciclo que hicimos
en el ND/Ateneo sobre historia argentina donde entregamos
más de 300 certificados en un ciclo de seis meses
a teatro repleto. Eso no se había visto jamás. Es
decir, es la sociedad la que está reclamando. Y Pigna
responde como puede. Cuando llegue a tocar los tiempos
de Yrigoyen, la "Semana Trágica" o Perón, estimo que
se las va a ver un poco difícil porque hay algunos
sectores sociales que ya tienen una opinión formada
sobre determinados temas. En mi caso personal, que
se "banquen" la verdad que les presento. Pero yo no
estoy en televisión todos los días ni pretendo hacerlo.
-
Uno elige los ámbitos de desarrollo profesional, a
fin de cuentas.
- Además,
somos de generaciones distintas. Lo mío es andar investigando
archivos y así, y ya estoy jugado a una cosa. Cuando
por ejemplo me hablan del autoritarismo de Perón,
yo lo primero que digo es "el autoritarismo recorre
toda la historia argentina, así como la violencia,
déjense de joder". Es que cuando un gobierno que no
tiene ningún diario toma todas las radios, y bueno,
si lo hace para beneficio de la gente y está mejor,
"¡jodansé!". Porque después las radios las tuvieron
siempre ellos. La acción de los medios de comunicación
es terrible, más con la renovación de licencias que
ha hecho este gobierno que es bastante lamentable.
En fin, creo que hay un mundo progresista que a veces
le cuesta entender muchas cosas. Y yo no la voy a
cortejar. Le voy a decir que es gente azonzada,
como diría Jauretche, que tiene que avivarse.
[risas]
-
Desazonzarse cuando hay una necesidad social
de saber otra historia.
- Sí. Y
eso puede deformarse. La respuesta puede ser correcta
en el sentido de darle elementos para que se entienda
lo que está pasando y se ubiquen, o se gesten nuevos
dirigentes políticos o nuevas fuerzas porque sabemos
que esta dirigencia está agotada. También puede producirse
que las respuestas sean un tanto deformadas, que se
contenten con la imagen, y que no se vaya más allá.
Acá hay que ir en profundidad. Cuando se dice que
no hay inversiones hay que poner todas las letras:
no las hay porque la oligarquía argentina, que tuvo
la guita del mundo, la despilfarró entregando carne
barata a los ingleses, haciendo viajes a Europa, construyendo
palacetes y todo eso. Esto hay que decirlo, y eso
implica mencionar apellidos como Anchorena, hablar
del castillo normando que tienen en Chapadmalal los
Martínez de Hoz, o sea, de muchas cosas. Donde yo
no sé hasta qué punto uno puede seguir, si se pretende
tener expresión en los medios. A mí me ha pasado muchas
veces. Por ejemplo, hice con la revista Veintitrés
una cantidad de fascículos de "La Otra Historia" totalmente
gratuitos, y cuando intenté hablar con Spolsky, el
dueño, para ver si de ahí en adelante después de haber
publicado dieciocho fascículos me tiraba unos mangos
- no fui a reclamarle ninguna fortuna -, en una demostración
del tremendo poder que él tiene me citó un viernes,
justo cuando el día anterior se había impreso la revista,
sacándose el fascículo para no publicárselo más. Por
supuesto que a la reunión que me citó no fue, como
diciendo "vos sos el historiador, el iluso, un idealista.
Yo tengo la guita". Me llamaron hace poco de esa revista
para hacerme unas preguntas y ni siquiera los atiendo
ahora, de la bronca. [risas] Hay muchos que se manejan
así. En fin, son cosas que suceden. De lo que no puedo
quejarme es del ciclo que hicimos en el teatro, que
ya mencioné, donde se inscribieron casi 700 personas
para una experiencia que sé que no es producto mío,
sino de una sociedad que está repensándose, a la que
uno puede ofrecerle elementos no para que se fanatice,
porque sigo siendo crítico y equilibrado desde mi
lectura. Y uno se da cuenta de la gente que no cuenta
con información suficiente y busca atar los cabos
de la historia. Entonces uno dice "¿no les parece
curioso que Ravignani, la nueva escuela histórica,
aparece justamente cuando la clase media asciende
con Yrigoyen? ¿O que Ibarguren surge con Uriburu,
reivindicando a Rosas desde la derecha, cuando lo
que quiere legitimar es al propio Uriburu?" Y otros
casos que se dieron como la aparicion de Hernández
Arregui, de Cooke, de Ramos, que estuvo ligada a la
resistencia peronista. Si la clase trabajadora se
jugaba en la resistencia, los intelectuales repensaban
el país desde una perspectiva mucho más popular.
-
¿Y en estos tiempos cuál entiende que debe ser la
posición del intelectual?
- Yo creo
que de cuestionamiento y de auténtico compromiso.
Sin cuestionamiento ni compromiso con la realidad
uno empieza a pensar mal. Lo que pasa es que no hay
de dónde todavía. Por ahora, en el campo popular nosotros
tenemos un centro cultural, el "Enrique Santos Discépolo",
abrimos relaciones con gente desde allí, sacamos la
revista "Desafíos", pero no es que integremos un gran
partido porque no podemos. Está todo fragmentado en
esta sociedad. Lo que debe hacer el intelectual entonces
es trabajar ideológicamente y también en la realidad
todo lo que se pueda. |
| La
frontalidad que Galasso expone en sus interpretaciones
del pasado le ha valido también algunas polémicas.
Durante 2004 sostuvo una discusión político-ideológico
con Andrés Rivera, quien supo expresar que "un verdadero
escritor no puede ser peronista". Galasso le envió
una respuesta, hecha pública en medios gráficos. En
uno de sus tramos manifiesta:
"Rivera
pregunta: ¿A quien expropió Perón? Y yo que no soy
peronista sino una modesta expresión de la Izquierda
Nacional le digo que a través del control y la fijación
de tipos de cambio, el gobierno de Perón (no el de
Menem, por supuesto) le quitó a la oligarquía ganadera
exportadora una buena parte de la renta agraria diferencial
que ella había dilapidado durante décadas. Es decir,
la expropió parcialmente y con esa riqueza financió
el desarrollo industrial y una redistribución del
ingreso en favor de los trabajadores jamás lograda
en nuestra historia. Hoy, Trabajo tiene el 17% de
participación en el Ingreso Nacional, en 1950, pasaba
largamente el 50%. No creo que usted pueda suponer
que los trabajadores siguen siendo peronistas por
la sonrisa carismática del General o por los carteles
de "Perón cumple". También podría recordarse que expropió
a los Bemberg, a la Cía. Primitiva de Gas, a los Pereyra
Iraola y algunos otros, entre los cuales estaba Federico
Pinedo, que perdió su finca de La Angostura y fue
preso, igual que Martínez de Hoz y Victoria Ocampo.
Esto último merece tenerse en cuenta para juzgar a
un gobierno que no era socialista pero realizó un
proceso de Liberación Nacional importante, con el
pueblo como protagonista. [...] Finalmente, no puedo
omitir decirle que no soy populista, ni tampoco tan
negado para la literatura que no advierta sus méritos
como escritor. Pero qué pena me dio cuando un hermoso
libro como 'La revolución es un sueño eterno', concluye
confundiendo al revolucionario Juan José Castelli,
con su hijo ganadero, levantado contra Rosas sólo
porque estropeaba sus negocios al emperrarse en no
claudicar ante los franceses para que liberasen el
bloqueo. [...] Este Castelli no figura como su dignísimo
padre en el diccionario de la revolución sino en el
'Diccionario biográfico del campo argentino'. Entre
padre e hijo nada que ver, y usted me los junta y
me lo jode a ese hermoso Castelli con el cual nos
hizo sufrir en su marginamiento y su enfermedad. Qué
lástima, Rivera, porque para ser 'un verdadero escritor'
se puede ser peronista pero lo que no se puede es
desconocer la verdadera historia argentina, pues hay
que estar impregnado de las luchas sociales de nuestro
pueblo para poder recrear su pasado, tanto como apoyar
su presente y ayudar a ganar un futuro. (Una
respuesta a Andrés Rivera, en Sudestada, nº 34, 2004)
|
| -
¿Qué le quedó de su polémica con Andrés Rivera?
- Bueno,
yo siempre trato de distinguir o, mejor dicho, de
intentar comprender a la persona. Cuando Rivera en
un reportaje dijo que si tuviera que volver a escribir
el libro de Castelli [N. de R.: la novela "La revolución
es un sueño eterno"] ahora lo haría distinto,
aunque no hizo ninguna mención a nuestra polémica,
yo creo que estaba reconociendo que se había equivocado
en las últimas páginas, donde había escrito que Castelli
hijo era el continuador del padre. Ahora lo que a
mí me cayó muy mal fue la reacción violenta, digamos,
donde me trató de ser agente de la SIDE ... Y bueno,
ahí quedó la cosa. |

Andrés Rivera |
|
Revisar
el pasado y ajustar las lecturas del presente. Recientemente
Galasso también ha mantenido un intercambio de apreciaciones
con Jorge Oscar Sulé, investigador perteneciente al
Instituto de Investigaciones Históricas "Juan Manuel
de Rosas", entidad que profesa el revisionismo en
la materia.
-
¿Cuál es el aporte del revisionismo para usted?
- Yo creo
que el revisionismo "viejo", digamos, nacionalista
de derecha, revisa con una carga reaccionaria. Levanta
a Juan Manuel de Rosas pero, al mismo tiempo, destaca
al Rosas ganadero. Surge así una visión "bonaerense",
en la que cuesta llegar a la guerra del Paraguay,
por ejemplo. A ellos les resulta más fácil reivindicar
a Cornelio Saavedra, porque así la Revolución de Mayo
no la hizo Mariano Moreno, que era de la revolución
francesa, sino Saavedra, hombre del ejército que posee
tierras. Últimamente tuve una polémica con Sulé en
el Instituto Juan Manuel de Rosas precisamente por
eso. Él dice que hay un sólo revisionismo y que el
revisionismo gira alrededor de Rosas, y yo digo que
no.
-
A ver, ¿cómo es eso?
- Claro.
El revisionismo que gira alrededor de Rosas en todo
caso es el "tradicional", que se peronizó algo,
se hizo más popular con José María Rosa y con Fermín
Chávez. Pero que nosotros somos una expresión distinta,
una interpretación más latinoamericana, federal-provinciana,
que reinvindica al Chacho Peñaloza, a Felipe Varela,
o una reivindicación socialista en el sentido de que
está analizando la historia en base a la lucha de
clases. No nos interesa Juan Manuel de Rosas o Bernardino
Rivadavia, sino más bien los estancieros bonaerenses
o quienes supieron ser expresión de la supremacía
comercial del puerto. Entonces yo creo que hay cosas
como el carácter democrático y no separatista de la
Revolución de Mayo que ellos no lo han visto. Lo vio
Juan Bautista Alberdi en su momento y quedó ahí, lo
retomó Manuel Ugarte después. Sulé es de una generación
distinta a la mía, tiene unos cuantos años más que
yo, y auténticamente se considera un argentino cuya
historia gira alrededor de Rosas. Que la clave de
toda la historia argentina, no ya del siglo XIX, es
Rosas. Yo digo que puede ser San Martín, o Perón,
o en todo caso nadie sino el pueblo que hace historia,
o sea, el frente de clases populares que se ofrece
en el yrigoyenismo, en el peronismo, en la resistencia,
en los desaparecidos.
-
¿Y cómo viene esa polémica?
- Sulé se
enoja conmigo porque yo digo que hay siete corrientes
historiográficas, mientras él dice que hay solamente
dos, la "historia oficial" y el revisionismo, y que
el revisionismo es un sólo. Entonces yo le digo que
en el revisionismo entonces está Carlos Ibarguren,
está Hugo Wast y Hernández Arregui, ¿y cómo se entiende
eso? ¿Somos todos rosistas? No: Hernández Arregui
no era rosista, Ramos tampoco, Puiggrós menos. Y yo
creo que en esta polémica un poco juega también el
hecho de que él es un hombre de la vieja época. Es
decir, yo trato de entenderlo... En Rivera es un poco
más criticable porque él viene, de un modo u otro,
de una posición de izquierda - con todas las cosas
tremendas de la izquierda, pero izquierda al fin -,
que se supone que debe trangresora, y ha terminado
apareciendo en todos lados, como jurado por aquí y
allá. Sulé, en cambio, es de perfil bajo, está en
la biblioteca y en el Instituto "Juan Manuel de Rosas",
sigue defendiéndolo y claro, cuando le tocan a Rosas
como lo hice yo, me contesta hablando pestes de Urquiza
[risas]. Entonces se la voy a seguir. De cualquier
manera, en los dos casos yo creo que son producto
de estas cosas tremendas de la Argentina de los sectores
medios. Sulé muy tomado por el pensamiento tradicionalista,
católico de derecha. Vos sabés que él es peronista,
y lo echaron en el '55 por eso. Y a Rivera, bueno,
yo creo que le ha hecho mucho mal el Partido Comunista.
Pero todo eso lo juzgo con su debida distinción, no?
Hay otros casos de personas que directamente se han
pasado de bando: creo que Tomás Eloy Martínez es otra
cosa, escribiendo en "La Nación" junto con Mariano
Grondona... Ésos están directamente en la vereda de
enfrente. Con ellos no se polemiza porque no polemizan;
silencian. |
|
Papeles
en blanco todavía aguardan la letra de Galasso, acaso
buscando aquellas respuestas que a contrapelo de la
historia pueden leerse y, especialmente, ensayarse
en porvenires.
Por Marcelo Luna |

|
|
| |
| |